Soneto a una palmera

Es pulida batuta del paisaje

y melodiosa brújula del cielo

esta palmera que plasmó el anhelo

de estar clavada e invitar al viaje.[1]

 

No sube, que colgada de un celaje

pendicular perpende, toca el suelo

llorando de las hojas sin consuelo

—luz coagulada o estelar miraje.

 

Epístola de Dios. La poderosa

mano lanzó la flecha que corría

a un destino de antena temblorosa.

 

(A sombra y luz de viento la tañía:

tensa cuerda de un arpa pesarosa,

¡cítara iluminada de alegría!)

 

 

EMILIO BALLAGAS

 

NOTAS

[1] Variante: “de parada del símbolo de viaje”.