A Francisco Gómez Toro, 23 de septiembre de 1894

[Nueva York] 23 Stbre. [de 1894][1]

 

Pancho queridísimo:[2]

Adelanta su salida el vapor de hoy,—que es tremendo de correos para mí, Cuba y la Florida y nuestro Santo Domingo,—y no te alcanza más que lo que de tu compañero de viaje, que busca en vano tu hombro para apoyar el cansancio—puede ir, de respuesta a tu carta,[3] demasiado breve, en estas líneas. Mejor. La verdad habla poco. Solo habla para abrirse paso. Tú y yo nos queremos demasiado para decírnoslo mucho. De veras se me va el vapor. A tu madre,[4] a Clemencia,[5] que es hermana tuya y mía, a tus hermanitos[6] diles todo lo que, para criaturas como ellas, pueda decirles quien conoce toda su ternura y su virtud. Diles que son como de mi propia sangre.

Tu

Martí

 

[OC, t. 28, p. 447. Cotejada con el manuscrito original].

Tomado de José Martí: Epistolario, compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Plá, prólogo de Juan Marinello, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t. IV, pp. 264-265.

 

 Notas:

[1] El original de esta carta está fechado “23 de Setbre.”, pero la expresión “tu compañero de viaje”, nos indica que fue escrita con posterioridad al recorrido por La Florida y América Central que realizaron juntos en los meses de mayo y junio de 1894, por eso la incluimos en ese año.

[2] Francisco Gómez Toro; Panchito (1876-1895). Nació en La Reforma, jurisdicción de Santi Spíritus, el 11 de marzo de 1876. Cuarto hijo del matrimonio del general Máximo Gómez y Bernarda Toro, nacido en los campos de Cuba libre durante la Guerra de los Diez Años. Finalizada esta, su familia abandonó la Isla, y luego de varios años de vicisitudes y peregrinaciones por distintos países, fijó su residencia en Santo Domingo. Muy joven comenzó a trabajar en el giro del comercio, en Montecristi, donde lo conoció José Martí en la primera visita que le hizo a su padre en septiembre de 1892. Al marchar el general Gómez a la guerra, lo dejó al frente del hogar; pero deseoso de incorporarse a la lucha emancipadora, viajó a Nueva York en agosto de 1896 y al mes siguiente desembarcó en la provincia de Pinar del Río con la expedición del general Juan Ríus Rivera. Pasó luego a combatir como capitán ayudante del general Antonio Maceo, su padrino de bautizo espiritual, junto al cual murió en la acción de San Pedro, en Punta Brava, en la provincia de La Habana, el 7 de diciembre de 1895.

—La admiración que Panchito, “leal y discreto” (EJM, t. IV, p. 238), sentía por Martí es muy evidente en esta carta a su hermano Máximo, con fecha 7 de agosto de 1895: “Dicen que ningún hombre es grande para su ayuda de cámara porque en la intimidad […] es cuando se ven los defectos; y Martí, cuanto más íntimamente se le trataba más grande se le encontraba”. Tal admiración era también correspondida profunda y cordialmente. El 31 de mayo de 1894, Martí le escribe a Máximo Gómez “una de las cartas más hermosas de su epistolario”, donde hace a propósito de Panchito uno “de los retratos caracterológicos más penetrantes y exactos de los muchos que hizo” (E. Martínez Estrada), concluyendo: “No creo haber tenido nunca a mi lado criatura de menos imperfecciones”. (EJM, t. IV, p. 181). A su vez, tres días antes se dirigía a Gonzalo de Quesada: “Pancho me tiene enamorado. Hombre alguno, por muy entrado en años, habría salido con tanta discreción, con palabra tan generosa y medida, con tal dignidad y desembarazo, de los continuos cariños que lo sacan de su varonil sobriedad, y del recogimiento en que, por el respeto de su padre y el de él y el de todos ayudo a mantenerlo. Su bello corazón se indigna, o se derrama. Hay genio en el niño. No gana amigos solo con el alma andante de su padre que ahora es, sino por sí, por su reserva decorosa, por su simpatía con los humildes, por el ajuste en su edad casi increíble, del pensamiento sólido a las palabras, precisas y cargadas de sentido, con que lo expresa. Y a mí me llena el corazón, porque es como si me hubieran devuelto el hijo que he perdido”. (EJM, t. IV, p. 154). El 25 de junio, casi un mes antes de que Panchito regresara donde sus padres, en Santo Domingo, le dice a Gómez con evidente tristeza: “¿Y tendré que dejarlo ir? Tendrá que ser, y será para mi gran soledad. […]. De su casa no le escribiré, porque desde que le tengo a Pancho estoy como viviendo en ella. Ya no tienen Vds. secretos para mí,—ni hay hijo más que Pancho fiel y piadoso”. (EJM, t. IV, p. 200). El 15 de julio, “lejos de Pancho ya, a quien, muy contra mi alma, he tenido que dejar en Nueva York”, vuelve a reiterarle: “Una sola pena llevo, y es la de haber tenido que decir adiós a ese hombrecito que con tanta ternura y sensatez me ha acompañado. Sentí como caída y soledad en mí cuando me dio su último beso. Ha estado cosido a mí estos dos meses, siempre viril y alto. A él fiaría lo que a hombres no fío. Y ahora se tiene que ir, en un abrazo brusco, y tal vez no vuelva nunca a ver su cabecita toda de amor y genio—sus gestos rápidos, de hombre de precisión y voluntad—y sus ojos, para mí tan compasivos y elocuentes. Pero con él siento que voy yo mismo al lado de Vd. Ha hecho Vd. bien en darme ese hijo”. (EJM, t. IV, p. 221). Se conservan cinco cartas de José Martí a Francisco Gómez Toro y solo una de Panchito dirigida al Maestro. (Tomado de Luis García Pascual: Entorno Martiano, La Habana, Ediciones Abril, 2003, p. 116). [En lo sucesivo, EM]. (Nota biográfica modificada por el E. del sitio web).

[3] Se desconoce el destino de esta carta. (N. del E. del sitio web).

[4] Bernarda Toro Pelegrín; Manana (1852-1911). Nació en Jiguaní, Cuba, el 20 de agosto de 1852. Vivía errante con sus familiares en los campos de Cuba libre, tras haber incendiado la casa propia; con solo diecisiete años de edad, el 4 de junio de 1869, se casó con el general Máximo Gómez Báez, conforme a la ley de matrimonio civil promulgada por el Gobierno Revolucionario; fungieron como testigos Salvador Cisneros Betancourt y Fernando Figueredo Socarrás. En la manigua redentora le nacieron cinco hijos: Margarita y Andrés, fallecidos de niños; Clemencia, Francisco (Panchito) y Máximo, los que fueron bautizados por los generales Calixto García, Antonio Maceo y Julio Sanguily, respectivamente. En su angustioso peregrinar por tierras de América, después de la paz del Zanjón, les nacieron Urbano, en Jamaica; Bernardo, en New Orleans; Andrés, en Jamaica también; y su novena y última hija, Margarita, en Santo Domingo, donde se habían asentado años atrás. A raíz de la muerte de Panchito fundó un club revolucionario que llevó el nombre del hijo, y al ofrecerle Tomás Estrada Palma, entonces Delegado del Partido Revolucionario Cubano, una pensión para aliviar su precaria situación, se negó a aceptarla, por considerar que ese dinero prestaba mejor servicio a la causa de la independencia patria. Al concluir la guerra, retornó a Cuba con sus hijos y se estableció en La Habana, donde falleció el 30 de noviembre de 1911. (Tomado de EM, p. 248).

[5] Clemencia Gómez Toro (1873-1920). Nació en los Campos de Cuba Libre, el 1o de mayo de 1873. Tercera hija del matrimonio del general Máximo Gómez y Bernarda Toro. En Santo Domingo, donde residía entonces, cooperó activamente en la recolección de fondos para auxiliar a los combatientes que luchaban por la emancipación de su patria. Al partir José Martí hacia los campos de Cuba, Clemencia, a la que el Apóstol tenía en consideración de una “hermana” (EJM, t. IV, p. 265), se quitó la cinta azul de seda que adornaba su cabellera y se la obsequió para que lo protegiera del peligro. Entre los objetos hallados en el cadáver del Maestro se encontraba dicha cinta acompañada de una nota. Al término de la lucha armada regresó al país junto con su familia y se asentó en la capital de la Isla. Aquí contrajo matrimonio con Tomás Núñez y Villaverde, soldado del cuartel de Dragones; pero no tuvo descendencia. Falleció en La Habana, el 27 de octubre de 1920. (Tomado de EM, p. 115).

[6] Máximo, Urbano, Bernardo, Andrés y Margarita Gómez Toro. (N. del E. del sitio web).