A Francisco Gómez Toro, 15 de febrero de 1895

[Santiago de los Caballeros, 15 de febrero de 1895][1]

 

Mi Pancho querido:[2]

 

Santiago nos saludó con tu carta juiciosa,[3] y los recuerdos gratos de tu casa. Bien vamos por todas partes, pero es que de allá nos piensan y protegen. Tú me le irás enseñando a Manuelito,[4] a paseos de hermano, esos campos del contorno. Ya habrás visto cuánto te conoce y te quiere, como todos los que me conocen a mí, porque tú siempre vas conmigo.—Estoy viendo de aquí las flores del patio, y las quisiera mandar a tu casa.—Vayan los pensamientos y el orgullo que tiene en verte tan útil y bueno,

tu

Martí

 

[OC, t. 28, p. 470].

Tomado de José Martí: Epistolario, compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Plá, prólogo de Juan Marinello, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t. V, p. 63.

 

Notas:

[1] El jueves 14 de febrero de 1895 Martí y Gómez partieron desde La Reforma hacia Santiago de los Caballeros, adonde llegaron en horas de la noche, y se hospedaron en la casa del cubano José Nicolás Ramírez. Al día siguiente, Gómez dirige una carta a su esposa en la que le dice: “Ayer noche llegamos bien. Aquí encontramos la carta de Pancho”, y en la fecha aparece solo el día de la semana, “viernes”. Como en la que ahora estudiamos Martí señala: “Santiago nos saludó con tu carta juiciosa”, suponemos que fue enviada junto con la de Gómez, por lo cual consideramos que fue escrita también el viernes 15.

[2] Francisco Gómez Toro; Panchito (1876-1895). Nació en La Reforma, jurisdicción de Santi Spíritus, el 11 de marzo de 1876. Cuarto hijo del matrimonio del general Máximo Gómez y Bernarda Toro, nacido en los campos de Cuba libre durante la Guerra de los Diez Años. Finalizada esta, su familia abandonó la Isla, y luego de varios años de vicisitudes y peregrinaciones por distintos países, fijó su residencia en Santo Domingo. Muy joven comenzó a trabajar en el giro del comercio, en Montecristi, donde lo conoció José Martí en la primera visita que le hizo a su padre en septiembre de 1892. Al marchar el general Gómez a la guerra, lo dejó al frente del hogar; pero deseoso de incorporarse a la lucha emancipadora, viajó a Nueva York en agosto de 1896 y al mes siguiente desembarcó en la provincia de Pinar del Río con la expedición del general Juan Ríus Rivera. Pasó luego a combatir como capitán ayudante del general Antonio Maceo, su padrino de bautizo espiritual, junto al cual murió en la acción de San Pedro, en Punta Brava, en la provincia de La Habana, el 7 de diciembre de 1895.

—La admiración que Panchito, “leal y discreto” (EJM, t. IV, p. 238), sentía por Martí es muy evidente en esta carta a su hermano Máximo, con fecha 7 de agosto de 1895: “Dicen que ningún hombre es grande para su ayuda de cámara porque en la intimidad […] es cuando se ven los defectos; y Martí, cuanto más íntimamente se le trataba más grande se le encontraba”. Tal admiración era también correspondida profunda y cordialmente. El 31 de mayo de 1894, Martí le escribe a Máximo Gómez “una de las cartas más hermosas de su epistolario”, donde hace a propósito de Panchito uno “de los retratos caracterológicos más penetrantes y exactos de los muchos que hizo” (E. Martínez Estrada), concluyendo: “No creo haber tenido nunca a mi lado criatura de menos imperfecciones”. (EJM, t. IV, p. 181). A su vez, tres días antes se dirigía a Gonzalo de Quesada: “Pancho me tiene enamorado. Hombre alguno, por muy entrado en años, habría salido con tanta discreción, con palabra tan generosa y medida, con tal dignidad y desembarazo, de los continuos cariños que lo sacan de su varonil sobriedad, y del recogimiento en que, por el respeto de su padre y el de él y el de todos ayudo a mantenerlo. Su bello corazón se indigna, o se derrama. Hay genio en el niño. No gana amigos solo con el alma andante de su padre que ahora es, sino por sí, por su reserva decorosa, por su simpatía con los humildes, por el ajuste en su edad casi increíble, del pensamiento sólido a las palabras, precisas y cargadas de sentido, con que lo expresa. Y a mí me llena el corazón, porque es como si me hubieran devuelto el hijo que he perdido”. (EJM, t. IV, p. 154). El 25 de junio, casi un mes antes de que Panchito regresara donde sus padres, en Santo Domingo, le dice a Gómez con evidente tristeza: “¿Y tendré que dejarlo ir? Tendrá que ser, y será para mi gran soledad. […]. De su casa no le escribiré, porque desde que le tengo a Pancho estoy como viviendo en ella. Ya no tienen Vds. secretos para mí,—ni hay hijo más que Pancho fiel y piadoso”. (EJM, t. IV, p. 200). El 15 de julio, “lejos de Pancho ya, a quien, muy contra mi alma, he tenido que dejar en Nueva York”, vuelve a reiterarle: “Una sola pena llevo, y es la de haber tenido que decir adiós a ese hombrecito que con tanta ternura y sensatez me ha acompañado. Sentí como caída y soledad en mí cuando me dio su último beso. Ha estado cosido a mí estos dos meses, siempre viril y alto. A él fiaría lo que a hombres no fío. Y ahora se tiene que ir, en un abrazo brusco, y tal vez no vuelva nunca a ver su cabecita toda de amor y genio—sus gestos rápidos, de hombre de precisión y voluntad—y sus ojos, para mí tan compasivos y elocuentes. Pero con él siento que voy yo mismo al lado de Vd. Ha hecho Vd. bien en darme ese hijo”. (EJM, t. IV, p. 221). Se conservan cinco cartas de José Martí a Francisco Gómez Toro y solo una de Panchito dirigida al Maestro. (Tomado de Luis García Pascual: Entorno Martiano, La Habana, Ediciones Abril, 2003, p. 116). (Nota biográfica modificada por el E. del sitio web).

[3] Se desconoce el destino de esta carta. (N. del E. del sitio web).

[4] Manuel Mantilla Miyares (1870-1896).