CONGRESO FORESTAL

CONGRESO FORESTAL[1]

 

He aquí una cuestión vital para la prosperidad de nuestras tierras, y el mantenimiento de nuestra riqueza agrícola. Muchos no se fijan en ella, porque no ven el daño inmediato. Pero quien piensa para el público, tiene el deber de ver en lo futuro,—y de señalar peligros. Mejor es evitar la enfermedad que curarla. La medicina verdadera es la que precave.[2]

La cuestión vital de que hablamos es esta: la conservación de los bosques, donde existen; el mejoramiento de ellos, donde existen mal; su creación, donde no existen.

Comarca sin árboles, es pobre. Ciudad sin árboles, es malsana. Terreno sin árboles, llama poca lluvia y da frutos violentos. Y cuando se tienen buenas maderas, no hay que hacer como los herederos locos de grandes fortunas, que como no las amasaron, no saben calcular cuándo acaban, y las echan al río,—hay que cuidar de reponer las maderas que se cortan, para que la herencia quede siempre en flor, y los frutos del país solicitados, y este señalado como buen país productor.

Es moda, aunque vulgar e injusta, pensar que lo que no hace un pueblo práctico, o que goza fama de tal, no es práctico. Y las verdades suben de punto, cuando, luego de haberlas dicho labios latinos, las repiten labios norteamericanos.

La América,[3] que sabe cuán cruel y locamente se cortan en los países hispanoamericanos sus magníficos bosques de maderas ricas; que ve cómo, a pesar de una que otra ley desobedecida o mal cumplida, casi en parte alguna resiembran lo que arrancan, sin pensar que, como en algunos lugares acontece, las maderas son la única riqueza de la comarca; La América, que ha venido aconsejando el cuidado y resiembra de los bosques,[4] y acaba de celebrar a México por ello,—ve ahora con gozo que como ella piensa el Congreso Forestal Americano, reunido recientemente en el Estado de Minnessota.

Tal importancia se da a este asunto, que para estudiarlo bien, y resolver en él con prudencia, se ha reunido, y no por la primera vez, un Congreso.

Preocupa a los hombres cuerdos congregados en la ciudad de San Pablo, el alarmante decaimiento de la riqueza forestal en los Estados Unidos, que adscriben a la tala brutal y avariciosa de los especuladores, que no ven que la fortuna rápida que hoy acumulan criminalmente, y a expensas de la fortuna pública, arrebata a la nación una fuente de riqueza permanente, no tanto por la esencial que traen en sí los bosques de buenas maderas, cuanto por la protección y amparo que dan los bosques a las comarcas agrícolas.

Se quejan los diputados al Congreso de la falta de academias forestales, que enseñen a cultivadores instruidos el modo de cuidar y resembrar los bosques.

Y como es inútil señalar el mal, lo cual es tarea fácil que a todos se alcanza, si no se da aparejado el remedio, lo cual ya no se alcanza a tantos, los del Congreso recomiendan el establecimiento de estaciones forestales para experimentación; acuerdan rogar calurosamente a las legislaturas de los diversos Estados que sin demora funden estas estaciones, y busquen modo de hacer saber el peligro que se corre con el corte desordenado de los árboles; y desean que en las nuevas estaciones se imite el plan de la de Ohio, que está dando excelentes resultados.

Solicita además el Congreso la creación de un centro forestal de experimentación en los colegios de agricultura, y pide que, como guardianes de la prosperidad publica, se nombre un cierto número de comisionados que atienda de una manera especial y directa al cuidado de los bosques.

 

La América,[5] Nueva York, septiembre de 1883.

 

Tomado de José Martí: Obras completas. Edición crítica, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2011, t. 18, pp. 144-145.

 

 

Notas:

[1] Congreso Forestal Americano.

[2] “La verdadera medicina no es la que cura, sino la que precave”. (JM: “Abonos.—La sangre es buen abono”, La América, Nueva York, agosto de 1883, OCEC, t. 18, p. 113).

“Los pueblos, como los médicos, han de preferir prever la enfermedad, o curarla en sus raíces, a dejar que florezca en toda su pujanza, para combatir el mal desenvuelto por su propia culpa, con medios sangrientos y desesperados”. (JM: “Un drama terrible”, La Nación, Buenos Aires, 1ro de enero de 1888, OCEC, t. 27, p. 77). (N. del E. del SW).

[3] La América. Revista de Agricultura, Industria y Comercio.

[4] Véase “México siembra su valle”, La América, Nueva York, agosto de 1883, OCEC, t. 18, pp. 100-101.

[5] La América. Revista de Agricultura, Industria y Comercio. Publicación mensual, fundada en Nueva York en abril de 1882 por su propietario, el cubano Enrique Valiente, con el propósito de fomentar el comercio de Estados Unidos hacia América Latina. La única colección que se ha podido localizar es la existente en la biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística —antigua biblioteca de la Sociedad económica de Amigos del País—, en La Habana, apenas consta de diecisiete números, cuatro de ellos anteriores al momento en que José Martí comenzó a colaborar en ella. Se desconoce este momento, solo que Martí aparece como colaborador en el número doce (marzo de 1883), pues en la colección faltan los siete números anteriores. Martí asumió la dirección de la revista a partir del número quince (junio de 1883). También se desconoce hasta cuándo se publicó la revista, pero se sabe que en 1892 aún existía. Sin embargo, la participación de Martí en ella como director cesó entre agosto y septiembre de 1884, aunque hay evidencias de que continuó enviando colaboraciones esporádicas a la revista. La última conocida está fechada en noviembre de 1887. En total, en los tomos 18 y 19 de sus OCEC, se recogen 216 textos escritos por Martí para La América. Entre otros artículos relevantes aparecen “El tratado comercial entre los Estados Unidos y México”, “El gimnasio en la casa”, “Educación científica”, “Congreso forestal”, “Trabajo manual en las escuelas”, “Autores americanos aborígenes”, “Maestros ambulantes”, “Una distribución de diplomas en un colegio de los Estados Unidos”, etc. / Desde el 19 de agosto de 1883 al 8 de enero de 1885, La Nación, de Buenos Aires, paralelamente a sus corresponsalías, reprodujo —a veces con ligeras modificaciones— 34 artículos de Martí publicados en La América, en los que se hace constar su procedencia en algunos casos y en otros no. Igualmente, durante estos años aparecieron en La Nación otros seis artículos que por su estilo, contenido y algunos detalles formales, se supone que también proceden de La América, aunque la redacción de La Nación no lo haya hecho constar ni se haya podido comprobar, por estar incompleta la colección de la revista neoyorquina.

No se ha podido precisar en cuál año pasó a manos del expresidente colombiano Santiago Pérez Manosalbas. (Fuente: Enrique López Mesa: José Martí: Editar desde New York, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2012, pp. 55-69; OCEC, tt. 17 y 18, pp. 409-411 y 263-264, respectivamente; y TEC, pp. 38-39).