Versos patrios a Martí

 

(1853-1953)

 

Aquí junto al silencio entero y puro

y a la luz alta y ancha de tu frente,

donde quiébranse en haces las estrellas

y nos deja soñar edades de oro

—olvidando estos hierros y otros yerros—

la sombra dilatada de la Patria;

vérsanos con tu voz, monte de espumas,

tu voz en flor, de sueño y sombra de ala,

que envaina al sol su libre y limpio acero.

emancipando palmas y palomas.

 

Así, pleno de ser, vives y te abres,

tieso como la palma hacia la estrella,

limpio como paloma hacia la nieve,

herido, como el ciervo hacia las aguas,

que echan los montes libres y espumosos:

así, al ímpetu de tu frente saltan

esos halos de luz, y estruendos de oro

cabalgan las azules cordilleras

y aguas de astros extiende por la tarde.

 

Patria, eres la extensión dorada

de la tarde y sus delicados ámbitos;

las redondas y tersas consonantes

de los azules de tu mar y cielo

—esos azules tensos y metálicos—

por donde rueda el día y sus colores

y salta el sol quebrándose en cristales;

las galeras de nieve de tus nubes,

los cantos peculiares de tus pájaros,

sus centelleos raudos y goteantes,

las crujientes maderas de tus árboles,

las cañas rumorosas de promesas,

tu vegetal constelación de palmas,

por donde—espada y flor—funda y sueña

la alba, la ígnea palabra de Martí.

 

Era su áurea palabra raíz y ala:

raíz de tierra adentro ardiente y fértil,

plantada en los nutricios manantiales;

ala de luz de cielo adentro, angélica,

quebrándose en albores y canciones

por el indómito monte de la patria,

despuntando la estrella y la paloma.

 

Tu airoso corazón nos las traía

con el tumulto de sus muchas flores,

con el monte de espumas de su verso,

con el aire que el sol enciende en alas,

con el haz primoroso de rocíos

acuñando la imagen de la patria,

en el sueño y patria de una estrella.

 

Así, entero en la luz y verdadero,

te alzas con todo el áureo haz de espigas

y ecuestre de tu sueño por la sierra,

con tu espuela de plata por la nieve,

ligero y puro, emancipando palmas,

con tu voz de auroral cristalería

pasas con tu cohorte patria de astros.

Así tu canto ecuestre suena, avanza,

como estruendo de oro por el aire,

despertando las palmas y palomas,

creciendo en las espigas y los árboles,

estremeciendo las azules sierras

de esta isla que vuelca su corola

de espumas y ara un mar de claridades.

 

Así pasas ecuestre de tu canto,

cultivando la nieve de la rosa,

pesando su corola, los quilates

de la luz y sus fértiles veneros,

los nacederos frescos de los montes,

y el fuego esclareciendo en sus labores

—oh tu palabra en flor y viva l1ama—

los timbres de piedad y de limpieza

—ímpetu de tu frente y de tu sangre—

por cuyos dos vertientes—oh dos ríos—

se volcó tu caudal hasta la muerte.

 

 

PBRO. ÁNGEL GAZTELU

 

Tomado de Orígenes, La Habana, t. 10, no. 33 de 1953, pp. 64-66.